Mi experiencia como Au Pair en Roma (Italia)

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Cuando buscas experiencias de otras au pairs en internet, la mayoría de los resultados que salen son experiencias negativas. Es cierto que estos casos existen y, por desgracia, suceden con más frecuencia de la que deberían. Pero yo no estoy aquí para eso; yo vengo a arrojar un poco de positivismo, a demostrar que hay casos positivos y a contar mi maravillosa experiencia como au pair durante dos meses en Roma, Italia. Porque trabajar durante las horas estipuladas, pasar tiempo libre viajando o caminando por las calles de Roma y convivir con una familia italiana de lo más adorable y de la que sientes que formas parte… es posible.

Buscando una familia

En mayo de 2015, recién terminadas las clases y los exámenes de mi tercer año de universidad, todavía no tenía muy claro qué quería hacer ese verano. Llevaba ya un tiempo dándole vueltas a la idea de irme de au pair, pero no terminaba de tenerlo muy claro porque no tenía experiencia con niños, sabía que adaptarme a al ritmo de vida de otra familia no sería fácil y no conocía a nadie en mi entorno que hubiera sido au pair antes. Finalmente, mi constantes ganas de moverme terminaron venciendo y decidí darle una oportunidad. Me registré en Aupairworld, me creé un perfil de la mejor manera que pude… y empecé mi búsqueda sin prisa pero sin pausa.

Si aún no lo has hecho, puedes leer mi post sobre Cómo ser Au pair.

Las siguientes tres semanas me conectaba todos los días para ver las familias y enviar mensajes a las que me interesaban. Los países donde buscaba eran Francia e Italia, ya que me interesaba practicar uno de estos idiomas. Envié varios mensajes y recibí otros tantos en los que se me pedía un poco más de información o una entrevista a través de Skype.

Durante la tercera semana, cuando ya estaba perdiendo un poco la esperanza, me llegó un mensaje de una familia italiana que buscaba una au pair española que hablase inglés y español para su hija única de 13 años. Tras pedirme algo de información a través de mensajes, decidieron que lo mejor sería hacer una entrevista vía Skype. Os podéis imaginar mis nervios: era la primera entrevista que hacía y nunca había trabajado de nada parecido. Los nervios, en este caso, me jugaron una buena pasada, ya que suelen hacerme reír y eso debió de caerle en gracia a la familia, así que un día más tarde me enviaron un email pidiéndome una segunda entrevista, en la que.. ¡SORPRESA! me preguntaron si estaría dispuesta a ser su au pair. Era 28 de mayo y yo empezaría a trabajar con ellos el día 12 de junio. Tocaba organizar todo en tiempo récord.

Mi vida con la familia

Pasé con ellos dos meses casi exactos. Pisé Roma un 12 de junio y volví a España el 15 de agosto. Dos años después puedo decir que me quedé con muy buen sabor de boca y, si mis circunstancias fueran otras, repetiría sin pensarlo.

Fui muy, muy afortunada. Mi familia estaba compuesta por 3 personas: los padres, ambos administrativos en un hospital y su hija de 13 años. Vivían en un piso amplio y precioso en un barrio de Roma, cerca del Vaticano y a unos 3 minutos de la parada de metro más próxima. Desde el principio me acogieron con los brazos abiertos, como si fuera una hija más, y al contrario de lo que pensaba, no me resultó difícil adaptarme. Un gran punto a favor es que ya habían tenido una au pair canadiense el año anterior y sabían perfectamente cómo manejar el tema.

Mi tarea principal era hacerme cargo de la niña mientras los padres trabajaban. No me pusieron muchos requisitos ni muchas reglas; lo más importante para ellos era que hablara inglés con su hija y un poco de español de vez en cuando. Así que me pasaba el día hablando en inglés con la niña, que ya tenía muy buen nivel, y escuchaba italiano en las cenas y en las comidas con la familia. Vale, puede que no practicase mucho pero desarrollé mucho mi capacidad de comprensión y aprendí mucho vocabulario.

Mi rutina consistía en levantar a la niña sobre las 9 de la mañana, darle el desayuno y a partir de ahí solíamos tener vía libre para hacer lo que quisiéramos. Como ya no era tan niña, podíamos hacer muchas cosas juntas: a veces nos íbamos de compras, otras alquilábamos unas bicis para recorrer Villa Borghese, visitamos juntas algunos de los lugares emblemáticos de la ciudad o, en días lluviosos, nos quedábamos en casa haciendo un maratón de películas o cocinando algún postre. Pronto congeniamos muy bien y se convirtió en una hermana pequeña para mí. Aunque mi “jornada laboral” terminaba entre las 3 y las 4, cuando los padres llegaban de trabajar, muchas veces pasaba las tardes con la peque o con la familia.

Todavía se me hace la boca agua recordando esta tarta que hicimos juntas en una tarde de lluvia.

A modo de anécdota, los padres se movían por la ciudad en scooter siempre que el tiempo lo permitiese. No era una Vespa, pero… ¡yo me sentía como en una película al recorrer la ciudad en motorino! Ese y unas vacaciones con la familia en Sperlonga, un pueblo costero entre Roma y Nápoles, son los recuerdos más bonitos que guardo de mis meses allí.

Mis tareas en la casa

Como ya he dicho antes, mi función principal era cuidar y entretener a la niña en las horas en la que los padres estaban trabajando. La familia contaba con una chica que les hacía las tareas de casa, por lo que nunca me pidieron mucho más. Tan solo quitar y poner el lavavajillas o alguna lavadora, aunque siempre intentaba ayudar en las tareas básicas como poner y quitar la mesa o cocinar.

Conociendo a otras Au Pairs

Pero no todo iba a ser estar con la familia… Poco a poco me las fui apañado para conocer a otras chicas que estaban en la misma situación que yo en la ciudad. Contacté con ellas a través de grupos de Facebook y páginas como Meet Au Pairs para conocer a otras au pairs. Así, pasé algunas tardes recorriendo la ciudad con una británica, viajando hasta Florencia con Laura, una lituana con la que aún guardo el contacto, compartiendo un helado con una americana, o yéndome de viaje con otra española durante todo un fin de semana a Nápoles. Aunque no era mi caso, también es posible que las familias tengan amigos con otras au pairs.

 

 

Mi opinión sobre la experiencia

Como podéis ver si habéis llegado hasta aquí, mi experiencia como Au Pair fue muy positiva. Aprendí muchas cosas durante esos dos meses y siempre recordaré el tiempo que pasé con aquella familia.

Si nunca has salido de tu país pero te gustaría probar a vivir en el extranjero durante un tiempo por el motivo que sea pero no sabes cómo dar el paso y te gustan los niños, ser au pair es una muy buena opción. Desarrollarás tu capacidad de adaptación a nuevas situaciones y lo verás todo desde una nueva perspectiva.

Sí, no lo niego. También habrá malos días. Verás cómo la vida en tu ciudad continua sin ti, tus amigos saldrán de fiesta o tus familiares harán planes sin que tú estés. Habrá días en los que sientas más morriña y en los que desearías estar de vuelta… Días en los que el choque cultural se te haga cuesta arriba o en los que darías lo que fuera por volver a tus viejas costumbres. Pero, a pesar de todo, puedo decir que merece mucho la pena probar algo así.

Es cierto: es posible encontrarte con una mala familia, una que sea demasiado estricta, en la que te hacen trabajar mucho más de lo acordado o en la que te mandan hacer tareas que no te corresponden. Pero tener una experiencia positiva y convivir una familia amable también es posible. Dentro de poco sacaré un post con algunos consejos para escoger una buena familia y recogeré los testimonios de algunas amigas que también han sido au pairs; hasta entonces…

Nos vemos en el siguiente post,

Lu.

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